¡No nos toquéis las pensiones!
Por más que las televisiones busquen
desesperadamente nuevos
programas de evasión, en las últimas
semanas no han podido evitar que
en las barras de los bares y en las
colas del autobús se hable de otros
temas de menos glamour. Los asuntos
que han apartado del centro de
muchas conversaciones a Jesulín, a
Ronaldo o la duquesa de Alba, han
sido los anuncios por parte del
Gobierno de recortar las pensiones y
pactar otra reforma laboral con los
agentes sociales de siempre. A continuación
no han tardado en aparecer
en pantalla los expertos para darle
un halo de credibilidad incuestionable
a lo que no son más que burdos
y brutales ataques a los derechos
básicos de los ciudadanos.
Probablemente ya nadie se
acuerde (ni siquiera los tertulianos
mismos) de que tales personajes se
han venido equivocando reiteradamente:
ellos afirmaban que introducir
contratos temporales crearía empleo,
o que rebajar la indemnización de los
despidos de 45 a 33 días invitaría a
los empresarios a firmar contratos indefinidos.
Ahora, sin embargo, no se
cortan y proponen justo lo contrario,
pero sin reconocer que se han equivocado
o incluso que no tienen ni
idea de por dónde van a ir los tiros.
Que quienes cobran al mes
4.000 euros y tienen asegurada una
pensión de oro con sólo 11 años de
ejercicio parlamentario se atrevan a
exigir más años de cotización a los
trabajadores es un insulto a la inteligencia;
que aquellos que se blindan
sus contratos multimillonarios y se
agarran a los cargos como lapas
vengan ahora a
proponer un despido
todavía más barato
produciría risa
si no fuera porque
tienen los medios
para imponerlo.
No es posible
que UGT y CC OO
hayan olvidado sus
lemas pidiendo
adelantar la jubilación
o reducir la jornada
laboral; algo
de lo más lógico ante
los casi 5 millones
de parados. No
parece muy inteligente
ni adecuado
que la generación
mejor preparada de
toda nuestra historia
no encuentre
trabajo (salvo algún
contrato basura)
hasta los 35 años y que a los mayores,
que ya lo han dado todo, no sólo
no se les adelante el merecido retiro
sino que se esté amenazando con
alargar dos años la vida laboral y exigir
más tiempo cotizado.
Ni la Seguridad Social ni el propio
sistema de pensiones están en
peligro. Cada año arrojan un superávit
escalofriante, incluso compensando
las sucesivas reducciones de las
aportaciones empresariales que se
han ido aprobando. En todo caso, si
en una hipotética fecha los ingresos
no igualaran a los gastos, desde el
Estado se habrían de destinar las
partidas necesarias para que las personas
mayores tengan una vejez
tranquila y digna. Ministerios e instituciones
como Defensa, Interior,
Ejército, Casa Real, etc. generan
mucho más déficit que las pensiones
y a ningún gobierno se le ocurre reducir
sus presupuestos.
No es entendible que se puedan
destinar cientos de miles de millones
a ayudar a la banca y a las grandes
multinacionales mientras a los pobres
se nos exigen mayores sacrificios
y hasta nos quieren quitar una
modesta pensión que ya hemos pagado
con creces.
Antonio Pérez Collado
Secretario general de CGT-PV
Pensiones de lujo para los diputados y recortes para los trabajadores
Mientras el Gobierno pretende retrasar
de 65 a 67 años la edad de jubilación,
así como aumentar el periodo
cotizado para determinar la cuantía
de la pensión, los diputados nacionales
y senadores aprobaron en 2006
un Reglamento de pensiones parlamentarias
que les asegura justamente
lo contrario: La reducción del
tiempo necesario para tener derecho
a pensión y grandes facilidades para
conseguir que ésta, además, sea por
la cuantía máxima.
A finales de ese año el órgano
rector del Parlamento valenciano,
presidido por Julio de España, aprobó
por unanimidad un acuerdo idéntico
al de Madrid. El Reglamento
prevé que los ex miembros de las
Corts que cuenten entre 7 y 9 años
de mandato en el Legislativo tendrán
derecho a una paga de la Cámara
que les complemente la de la
Seguridad Social, de manera que se
les asegure el 80% de la pensión
máxima; si suman entre 9 y 11 años
de escaño, el 90% de la paga máxima;
y si cuentan con más de 11
años, el 100%.
Para que un trabajador consiga
la pensión máxima necesita amasar
35 años de cotizaciones y que los últimos
15 sean por la base máxima.
La propuesta de ampliar a 25 años el
cálculo de la pensión supondría, a
efectos prácticos, una rebaja media
de la pensión. Nada de esto afectará
a los parlamentarios que, con 11
años, accederán a la paga máxima.