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Lola Gutiérrez: “Me he encontrado unas mujeres que llegan a Grecia con el sueño de Europa y de golpe están en una cárcel”

Lola Gutiérrez, la educadora social y sindicalista de la CGT que ha pasado varios días encerrada en un CIE de Atenas, cuenta por primera vez su vivencia

Bart Grugeon Plana / Directa.cat


Lola Gutiérrez es educadora social y trabaja como técnica del servicio de acción social en la Diputación de Barcelona. También es delegada sindical de la CGT en esta institución. Este jueves llegó a Barcelona, procedente de Atenas, donde fue recibida cariñosamente por familiares y compañeras de trabajo y militancia. Gutiérrez había pasado diez días detenida en Atenas -primero en una comisaría policial, tras el centro de internamiento para mujeres extranjeras de Elliniko- al ser descubierta intentando ayudar a un menor refugiado de origen kurdo en viajar a Barcelona, haciéndolo pasar por hijo suyo. En esta conversación, explica por primera vez la vivencia.
Porque fuiste a Grecia?
Fue una iniciativa personal mía, motivada por el hecho de que muchas personas están atascadas, sea en campos de refugiados o no, y su deseo es estar en lugares de Europa, en muchos casos porque tienen familiares. El proceso oficial de reubicaciones de personas, ha pasado de lento a casi imposible. A través de Facebook me enteré que había un chico kurdo que pedía poder entrar en Barcelona, porque tenía personas que podían acogerse, y luego tenía una vía para ir a Alemania, donde vive su tío. Decidí ir a Grecia para intentar hacerlo entrar en España con el DNI de mi hijo.


No era una iniciativa demasiado subversiva? Sabías pues el riesgo que asume?
Sí, era consciente de que estaba tomando un riesgo, que lo que estaba haciendo era ilegal. Pero hace muchos años que lucho en muchos ambientes y soy consciente de que no siempre lo que es legal es justo, y que algunas prácticas consideradas ilegales hoy, a la larga se convierten en legales, y al revés. Las leyes se cambian con la acción de la gente. Sé que es ilegal pasar personas así por la frontera, pero sé también que es muy injusto que las personas estén atascadas sin perspectivas de futuro en un lugar donde no han elegido estar. Es esta mi motivación.


Pero las cosas no fueron como estaba previsto …
En el momento del check-in, la azafata hizo una pequeña prueba hablando en castellano con el chico kurdo y desconfió. Creo que dio la alerta. Pasamos por un segundo control donde están las tiendas de lujo, y allí el criterio del cribado es cien por cien por motivo de raza. A toda la gente morena la detienen. Vinieron muy directos a nosotros. Con un tono de voz agresivo preguntaron su fecha de nacimiento y no coincidía con la del DNI. Entonces nos enviaron a las dependencias de la policía. Allí nos separaron, me miraron el equipaje, y me tenía que desnudarse. Después me hicieron la ficha policial y me traspasaron el calabozo de la misma comisaría donde pasé tres días y tres noches en unas condiciones muy malas, el aire muy viciado, muy mal, con unas literas absolutamente sucias, con unas mantas que preferías morirte de frío antes de que ponerte a sus necesidades encima. Éramos ocho mujeres en una misma celda


Este escenario lo tenías previsto de alguna manera?
No. Yo pensaba que como mucho perdería el vuelo y quizás me pondrían una fianza, y al día siguiente a casa. Ahora entiendo que evitan de manera intensa que la gente refugiada pase a Europa. En la cárcel me encontré con otras mujeres que estaban en la misma situación que yo. Había por ejemplo una mujer siria, refugiada legalmente en Suecia que venía a buscar su sobrina.


Y te llevaron a declarar ante un juez?
Sí. La juez quería valorar si tenía alguna motivación de lucro.Después de mi declaración y el apoyo de un abogado que aportó que trabajo para un sindicato con una visión internacional y que soy activista social, me dejó libre sin fianza. Pero después, la policía decide que no quedo libre sin más explicaciones. Pasan 30 horas y me meten a mí y otra chica kurda en un coche sin identificación policial, conducido por un hombre sin uniforme de policía. Ya era de noche. Preguntaba dónde íbamos y me responden que no lo saben.Yo me esperaba lo peor …

Y donde voy a parar?
Llegamos a un lugar que yo no sé lo que es en ese momento, Elliniki (el centro de atención a inmigrantes para mujeres de Atenas). Allí ya me doy cuenta que no estoy libre. Me hicieron desnudar de nuevo y me registran y me tocan por todas partes. Me costó hacerme a la idea de pasar de la libertad en la cárcel en pocos minutos … La primera noche fue lo peor. Al día siguiente contacto con el abogado, y me dice que el jefe de policía del aeropuerto tiene derecho a saltarse el mandato del juez y que me han declarado persona peligrosa para Grecia. Es por eso que estoy allí y no se sabe cuándo saldré. Después ya entré en la dinámica del lugar, una rutina constante, como una prisión. Hablas con la gente y ya ves que no se están dos días. Por eso la idea de provisionalidad decidí sacármela de la cabeza, porque vi que si no lo hacía, me iba a angustiar mucho.


¿En qué condiciones se encuentra el centro?
Faltaban cosas básicas, como el jabón para lavarse. Podíamos estar dos días sin papel higiénico. Todo lo tenías que pedir algo por caridad, y te daban si querías. La comida es muy mala, siempre frío … Yo soy vegetariana, pero decidí comer carne y me puse enferma. Algunos compañeros de fuera me llevaron frutos secos para suplir la proteína y no sentirme tan floja. Pero todo esto lo suple todo la solidaridad de las compañeras, que es muy grande.


Cómo fue tu relación con las otras reclusas?
Éramos unas 35 mujeres en el centro. Entre las mujeres allí hay mucha solidaridad: enseguida alguien me llevó un colchón, ropa para taparme … Muchas chicas que estaban conmigo en prisión -porque el CIE era una prisión, pasando de eufemismos- provenían de Siria, Irak, Irán, Afganistán, Albania … Algunas tenían familiares en Alemania, Inglaterra u Holanda. Con las compañeras de celda fuimos hermanas. Cuando nos tenían esposadas, nos dábamos la mano. Me iban cantando canciones, que no entendía, por consolarme. También había maneras más alegres de animarnos.Cogíamos un cubo y unas zapatillas y tocábamos y bailábamos.Sobre todo cuando oscurecía, se necesitaba reaccionar contra la depresión. Nos pasábamos muchas horas en la cama y, cuando se apagaba la luz, siempre se sentían llantos, gritos de dolor, de madres que le habían quitado el niño … Pero después siempre alguien empezaba a cantar o tocar el tambor para dar ánimos.

¿Cómo conseguir apoyo en el exterior?
El día 28 me pongo en contacto con la CGT de aquí y ellas ya se empiezan a mover. Me dijeron que saldría el día 6 (martes), pero se pospuso, ahora ya no recuerdo por qué. Me llamaron de la embajada española y me dijo que se había puesto en contacto con el jefe de policía del aeropuerto, y que le habían dicho que yo estaba libre desde el miércoles día 30, o sea que representaba que no se sabía dónde estaba yo. Esto me preocupó por la invisibilidad que produce la acción de la policía cuando es impune.


Que sabes del papel que han tenido otras instituciones en tu caso?
Me consta que tanto la Generalitat como el Ayuntamiento han hecho alguna gestión, pero lo que me dijeron en la embajada es que las únicas personas que llamaron fueron el secretario de relaciones exteriores de la CGT y un periodista de la Directa . Según ella, lo primero que hubiera tenido que hacer era acudir a la embajada.


Entonces ya viste claro el retorno …
Si. Se pospuso dos días más por motivos que desconozco, pero sí. Lo que pasa es que me tenían que custodiar hasta el avión y con la compañía que la policía griega designara. Esto hace que sea aún más difícil encontrar vuelo, ya que iba a ser la compañía oficial griega .Dos policías de paisano me custodiaron hasta el avión, sin manías. Encima se perdieron yendo hacia el aeropuerto, fuimos a parar a un lugar descampado, de nuevo y tuvieron que poner el GPS del móvil. Me llevaron con el bus del avión sola, con los dos policías y un empleado de la compañía. Al subir al avión, me encuentro el personal de vuelo: las únicas risas que he visto en Grecia en personas uniformadas.


Y ahora, en qué situación estás, judicialmente?
En principio, pendiente de juicio, aunque, según me ha dicho el abogado, no necesariamente tiene que haber. La justicia griega es muy lenta y la cosa puede ir para largo. Si no llegara a celebrarse el juicio, yo no puedo entrar en Grecia hasta el 2023. Pero muchas ganas de entrar en Grecia no tengo.


¿Qué impacto produce la reclusión, por lo que has podido observar?
Las personas llegan allí con un sueño, el sueño de Europa, y de golpe se encuentran en una prisión. Imagínate el conflicto. Te pondré el ejemplo de una mujer kurda, ciega, que había llegado a Atenas con el marido, La habían separado del marido, los hijos, era ciega, estaba sola … De vez en cuando se levantaba y preguntaba ” donde estoy “y” cuando saldré de aquí “. Pues eso, esta es la sensación.


¿Qué conclusiones has sacado del paso por el CIE?
Me ha sido muy útil para entender cómo es de grande este crimen de tener la gente encerrada sólo por el hecho de querer cambiar de lugar de vivir. Pienso que deberían eliminarse los CIE porque no es necesario en la cárcel a gente que ha huido de sus países, sin papeles, que no han cometido ningún crimen. Y que se creen espacios de apoyo, no espacios de privación de libertad. También hacer que los contingentes de acogida sean mayores y que se cumplan, que España no los cumple, y son ridículos. Y finalmente deberíamos ir a la raíz de los problemas: luchar para que la gente pueda vivir en paz en su país.


https://directa.cat/actualitat/mhe-trobat-unes-dones-que-arriben-grecia-...

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